El 30 de junio de 1986 mientras millones de argentinos festejaban y el entonces presidente Raúl Alfonsín decretaba asueto para recibir a los campeones, en Catamarca una tragedia golpeaba a varias familias del barrio Marcos Avellaneda.
El dramático episodio, que con el paso del tiempo quedó prácticamente relegado del recuerdo colectivo, volvió a tomar relevancia a partir del testimonio publicado en redes sociales por Pablo Montalbán, quien rememoró uno de los hechos más dolorosos de su infancia.

La explosión que cambió la historia de un barrio
Aprovechando el feriado y el buen clima, un grupo de niños se reunió a jugar en el Parque Adán Quiroga, un lugar habitual de encuentro para los chicos del barrio. Allí encontraron una bomba de mortero que, según el relato, había quedado abandonada por el Regimiento 17.
Movidos por la curiosidad, comenzaron a manipular el explosivo sin conocer el peligro que representaba. Minutos después, el artefacto detonó y provocó una tragedia que dejó víctimas fatales y varios niños gravemente heridos.
En su publicación, Montalbán recordó que aquel día él no asistió al parque por motivos que aún desconoce. «Ese día no fui, por qué no lo sé», escribió, para luego relatar que algunos de sus amigos permanecieron internados durante varios días, mientras que otros regresaron a sus hogares únicamente para recibir el último adiós de sus seres queridos.
Un recuerdo que permanece intacto
A 40 años de aquel hecho, el vecino reflexionó sobre el olvido social que rodeó la tragedia y las profundas secuelas que aún conservan quienes sobrevivieron.
«Quizás se hizo justicia, quizás sus familias fueron indemnizadas, pero la historia se olvidó. Se olvidó para la sociedad, pero no para las familias y mucho menos para los chicos de mi barrio», expresó.
El emotivo mensaje concluye con un homenaje a los niños fallecidos y un abrazo simbólico para sus familias, recordando una tragedia que, mientras el país celebraba uno de sus mayores logros deportivos, dejó una herida imborrable en la historia de Catamarca.
